Entre mi paseo matutino por blogs y periódicos, me he encontrado con una noticia acerca de las movilizaciones periódicas que se están convocando en muchas ciudades de España para exigir medidas para lograr un precio de la vivienda más asequible.
Aunque en algunos medios califican las concentraciones como espontáneas, no lo son, sino que cuentan con infraestructura para organizarse y comunicarse. Como siempre el mejor vehículo es Internet.
Al leer el wiki que enlazo arriba he llegado a otro artículo, que reflexiona sobre la actuación de la policía en estas concentraciones.
Bien es cierto que no cuentan con autorización para manifestarse, y por tanto, por poner un ejemplo, no pueden cortar las calles para llevar a cabo la protesta. Sin embargo, la actuación de la policía va mucho más allá de impedir disturbios en las concentraciones. Según cuentan, la policía suele intervenir de manera indiscriminada, aplicando técnicas para aterrorizar a los manifestantes. Por ejemplo, en Madrid, suelen taponar todas las salidas de la Puerta del Sol (donde se celebran estas concentraciones), y empezar a golpear a todo el mundo para disolver la concentración. Y no pasa nada.
En el artículo reflexionan sobre si la intención es inculcar miedo a posibles nuevos manifestantes, pues parece que las concentraciones van aumentando de tamaño. Incluso se preguntan si es el gobierno quien está detrás de las órdenes de mano dura a la policía.
En mi opinión no creo que haya ninguna orden explícita. La policía ya se basta solita para actuar de ese modo. Aunque seguro que el gobierno empieza ya a sentir también miedo, tras los ejemplos de Francia con las protestas contra la reforma laboral.
En cualquier caso, leyendo rigurosamente lo que dice la Constitución acerca de la vivienda:
“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos” (artículo 47, Constitución Española)
parece claro que las medidas del gobierno contra este problema son insuficientes. Y lo son porque no creo que les preocupe (esto es, demasiado esfuerzo para no demasiados votos).
En cualquier caso, creo que el gobierno se engaña cuando no actúa de manera diligente contra este problema. Uno de los parámetros que suelen influir más en la política del gobierno es el IPC, esto es, cuánto más dinero tenemos que gastarnos para conseguir lo mismo. Este índice es completamente falaz. ¿A quién le importa lo que suben los tomates, el aceite, el pollo o el calzado? ¿Qué porcentaje de mis gastos mensuales supone eso? ¿Y qué porcentaje supone la vivienda? ¿Y por qué el IPC no refleja la estructura real de costes que tienen las familias españolas? ¿Sirve para algo si no lo hace?
Seguro que si la vivienda tuviera la influencia que debería en el IPC, el gobierno tomaría más medidas que simplemente disolver manifestaciones a porrazos.

Sería interesante realizar un estudio de la acción de los antidisturbios durante las cientos de manifestaciones que hay en Madrid al año (de todo signo y colorido). Evidentemente, no tengo datos, pero tengo la impresión de que la probabilidad de que haya “follón” es mucho más alta cuando se dan ciertas circunstancias entre los convocantes (y predominan “jóvenes” y “estudiantes”). Debe de ser que a los policías represivos les gusta más pegarse con jóvenes (que son más fuertes y potencialmente peligrosos para ellos mismos) que con los “carcas” que van a la mani del 1 de mayo o 20N (que no deben durar nada, los pobres, y además hacen sus manis por la mañana muy temprano). Y, bueno, aunque la hubiera, ya sabemos que las correlaciones no tienen por qué decir nada… pero, oye, algún malpensado podría pensar que sí.
Muy agudo tu comentario.
De todas formas, creo que la policía tiene la porra muy ligera. Es cierto que hay siempre gente que alborota, pero cargar absolutamente contra todos los manifestantes para disolver la manifestación, es más propio de épocas afortunadamente ya superadas.