Born to be geek!

A años luz de los mejores

Escrito el Martes 5 Diciembre 2006

Revelador artículo sobre el funcionamiento de la Universidad en España. Concluye con una serie de requisitos que todavía suenan a ciencia ficción en España:

  1. Fichar a los mejores profesores. En las universidades punteras no son necesarias las homologaciones, los concursos o las acreditaciones, pero no ocurre como en las españolas, donde un 96% de los que obtienen una plaza de funcionarios en un centro ya trabajaban en él y donde un 70% pugna en solitario por un puesto, según un estudio del CSIC. «En EE.UU., el profesorado que se ha doctorado en la misma universidad donde trabaja es del 7% y en Francia del 50%», recuerda Sergio Verdú. Los departamentos de las instituciones que han alcanzado la excelencia deciden qué perfiles docentes o investigadores quieren cubrir, publicitan la plaza a bombo y platillo y dejan que los expertos en la disciplina o un comité de la casa creado al efecto elijan al mejor del mundo. O bien, crean una plaza para contratar a un profesional prometedor o consolidado que les garantice resultados.
  2. Estudiantes. La obsesión por contar con los mejores también implica al colectivo estudiantil. Por eso, las mejores universidades son muy exigentes con el nivel académico de sus alumnos. En cambio, como señala Carlos Elías, «no tienen inconveniente en regalar la matrícula o, incluso, pagar una beca sueldo a los alumnos brillantes y no tan brillantes con menos recursos». «Los ricos, por supuesto, pagan mucho», matiza. Tampoco se preocupan por la nacionalidad. Un ejemplo: De los 7.500 matriculados de la London School of Economics el curso pasado sólo un 36% era de Gran Bretaña y apenas un 15% era de la Unión Europea.
  3. Financiación. Entre las universidades exitosas las hay públicas, pero todas ellas disfrutan de cierta autonomía para tomar sus decisiones independientemente de los gobiernos. La parte más sustanciosa de sus ingresos proviene de los proyectos de investigación. De ahí que se preocupen tanto de contar con buenos científicos. «Una de las desventajas de las estatales es que sus presupuestos están a merced del momento político y otras prioridades», expone Verdú.
  4. Responsabilidad. Contratar al hijo científico o al candidato de la casa tiene consecuencias en su nómina. «Una fracción de los proyectos de investigación recae directamente en el departamento, que podría repartirlo como sueldo», apunta Erich Muller sobre el Reino Unido.
  5. Flexibilidad. El deber de cumplir unas mismas reglas del juego para todas las universidades del mismo país puede llegar a ser un lastre cuando se trata de estar siempre en la vanguardia de la sociedad, como resume gráficamente el profesor Xavier Sala i Martín. «¿Cómo estarían hoy el Barça o el Madrid si todos los jugadores fueran funcionarios, si todos cobraran lo mismo independientemente de su rendimiento, si el dinero del club dependiera de lo que dice un ministro y si el entrenador y el presidente fueran elegidos por los jugadores, los masajistas y los utilleros del equipo?», se pregunta. «Seguro que los representantes de la liga española no ganarían ni una Champions más, se responde.
  6. Rectores designados. Aunque los rectores españoles siempre han ensalzado su legitimidad democrática, para manejar el timón de una institución excelente no hace falta un académico que haya sabido granjearse el apoyo de sus compañeros, sino el mejor gestor posible. Por ello, las universidades británicas y americanas los rectores y presidentes son elegidos por patronatos al más puro estilo empresarial. Otros sistemas universitarios, como el japonés, también caminan hacia ese modelo. «Hay un sistema pseudodemocrático, en el que las reuniones de profesores consisten en dejar pasar o no las decisiones del Rectorado», plantea Hitoshi Oshima.
  7. Competencia. La obsesión por atraer a los mejores profesores, científicos y estudiantes acaba abocando a las universidades a una feroz competencia que, a la larga, erradica las prácticas endogámicas y la replicación de la mediocridad.
  8. Combinar docencia e investigación. En todas las universidades consultadas por CAMPUS el personal combina, salvo excepciones, las labores docentes e investigadoras. Por mucho tiempo que detraigan las primeras, dar clase se considera, especialmente en el doctorado, una fuente de riqueza.
  9. Adaptabilidad. Las demandas de la sociedad y, en concreto, del mercado laboral, varían. Impartir las carreras en boga hace 20 años o encauzar la investigación de los jóvenes científicos hacia el área del catedrático del departamento, que realizó su tesis hace 40 años, son prácticas que conducen al fracaso.
  10. Globalización. Las mejores universidades del mundo intentan extender su prestigio hacia sus nichos universitarios naturales. «La Universidad española está ciega ante su más grande potencial, que es servir de fuente natural para estudios avanzados en Latinoamérica», denuncia Erich Muller.

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