Acabo de leer una entrada de Carlos en la que muestra su decepción sobre la situación de la investigación y la educación superior en España.
Y lo dice en relación al vergonzoso caso que se está viviendo en la Universidad Rey Juan Carlos. Antonio Fernández Anta, profesor titular, habilitado para catedrático, no puede ejercer como catedrático porque se está bloqueando la convocatoria de una plaza de catedrático.
Se bloquea porque por algún motivo a quien tiene que tomar la decisión no le viene bien sacar la plaza. Carlos, ingenuo, y yo, ingenuo también, teníamos la tonta idea de que en una universidad sacan las plazas los mejores, y que si eres mejor que algún otro y lo demuestras, acabas logrando la posición que mereces. En cambio, los mediocres se quedan atrás en la carrera. De este modo, se dedican a investigar aquéllos que es más probable que logren resultados, y se dedican a educar a los profesionales del futuro los mejores.
Pero no, la universidad española es un cortijo que habría que fumigar. Los mejores son maltratados, precisamente por ser eso, los mejores. En teoría no necesitan favores de nadie para lograr su posición, se pueden valer por sí mismos, y a veces les da por opinar e incluso discrepar (a dónde vamos a ir a parar, opinar y discrepar). Los mediocres son empujados (literalmente) para lograr un puesto decente, porque están en una posición débil, son conscientes de que no valen para mucho, y ni opinan ni discrepan, sólo aplauden cual hooligan las opiniones de sus jefes. Y los jefes, emulando a la familia Corleone, intentan acaparar todo el poder que pueden, rodeándose de mediocres; la intención no la tengo muy clara, pero creo que es para aliviar sus frustaciones (al fin y al cabo a todo el mundo le gusta la investigación, pero hijos míos no todos valen).
Antonio me expresaba el otro día su desazón, y estaba considerando irse seriamente a otra universidad en España o el extranjero. Y yo, desde aquí, no puedo hacer otra cosa que animarle a hacerlo. Él ayudó a crear esta universidad, a hacerla atractiva a los estudiantes, a que un grupo de investigación decente saliera adelante, pero siempre ocurre lo mismo, no se puede luchar como Don Quijote contra los molinos. Muchos años tendrán que pasar para que esta situación cambie. Personalmente, también siento la decepción de Antonio y Carlos, y hasta cierto punto (a pesar de la inmensa suerte que tengo de trabajar en Libresoft) también me siento maltratado porque sé que no tengo ningún futuro en mi universidad.
A Carlos le diré que no se desanime y haga el doctorado. Hacen falta más como él en la universidad y menos capos y hooligans que van a las reuniones a aplaudir.
Y al ministro de turno, que coja el toro por los cuernos, fumigue la universidad y acabe con los cortijos. Una sugerencia para ir haciéndolo: eliminar el sistema de funcionariado, que sólo engendra vagos rascapelotas (propias y ajenas).
A mi la enseñanza y la academia son dos campos que siempre me han interesado muchísimo. En estos momentos estoy cursando en la UIB informática. Me he planteado seriamente hacer un doctorado y intentar quedar en la facultad como investigador y docente. Aunque no puedo negar que tengo mis dudas cuando veo situaciones como esta.
Aunque puede que sea gente como yo mismo la que necesite la universidad española >_