Grex, Juanjo y yo nos encontramos en Lisboa junto a otro profesor de la URJC que nos acompaña, para asistir al International Workshop on Principles of Software Evolution. Por si a alguien le interesa, aquí está el artículo que presentamos.
Salimos el domingo por la mañana en coche, y sobre el mediodía llegamos a Lisboa. Es una ciudad muy hermosa, sin nada que envidiar a Madrid (léase, que aquí también tienen sus obras en la ciudad).
El hotel que hemos pillado está muy cerca del aeropuerto, por lo que podemos admirar cómo pasan los aviones por delante de la ventana sin ni siquiera levantarnos de la cama.
La ciudad está muy bien para hacer turismo y gemelos (jolín, son todo cuestas, Juanjo estaba muerto después de tanta caminata -pondré la foto en breve
-). Las vistas del Tajo desde los miradores de la parte alta son preciosas.
Portugal es como España, sólo que aquí hablan portugués además de español
. También existe la picaresca: nada más entrar en Portugal han colocado el peaje, así que todo el mundo que entra en Portugal por la A-5 se mete de lleno en el peaje, que por unos módicos 13.35 Euros te lleva hasta Lisboa. Añádele los 1.15 Euros que cuesta el puente, y ya sabes lo que cuesta entrar en Lisboa por carretera (bueno, si tienes un vehículo anfibio, también puedes intentar cruzar el río y evitar el pago).
A Lisboa no ha llegado todavía el imperialismo americano, pero sí el español: El Corte Inglés, BBVA, Santander, y demás empresas españolas, están por todas partes en Lisboa, pero nada de McDonalds y similares. De hecho, parace que ahora están en elecciones, y por todas partes se ven carteles del Partido Comunista llamando al orgullo nacional y a la defensa del producto nacional (junto al lema lucha y resiste). Se ve que todavía piensan que España les quiere invadir. Ilusos, están ya más que invadidos
, hablando español te desenvuelves perfectamente.
Bueno, dejemos de lado la política. Por la noche hemos estado estado en la más bella y antigua cervecería de Portugal, la Cervejaria da Trindade (recomendación de una amiga de Rafael, nuestro acompañante), donde pudimos dar buena cuenta de un par de sapateiras (algo así como un centollo). Despertamos las envidias de los comensales que nos rodeaban, que sin dejar pasar un minuto empezaron a preguntar a los camareros qué era aquello, y a pedirlo. Es que en el sitio ese te ponía las sapateiras con su maza y todo para romperles las piernas al más puro estilo Corleone, aprovechando el caparazón para poner un salsa que estaba bien rica, con sus tostas de pan, sus cubiertos para dejar las patas más secas que las de un saltamontes, etc. Un lujo vamos, aunque no en el precio
Después de eso, Grex empezó ya a dar síntomas de que necesitaba dormir (eso o un colirio
), y nos recogimos al hotel.
Qué dura es la vida del investigador
Vaya verano te estás pegando desgraciado!!!
Yo de mayor quiero ser como Isra. SSSSSSSSSSSSSSSYYYYYYYYYYYYYYYYYYYNNNNNNNNNN